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Historias del equipo de Mexicanos Primero Jalisco

May 17, 2018

 

A mi maestra Carmelita de la Fuente

 

Ella me dio una lección de conciencia que nunca olvidaré.

Asistía a tercer año de primaria en la escuela Francisco Nava Bañuelos en la ciudad de México. Era la tercera de 6 hermanos y en casa pasábamos por una situación económica muy difícil además de que a mi madre la habían operado.

El recorrido para llegar a la escuela era de aproximadamente 30 cuadras todos los días de ida y regreso y me daba pena que alguno de mis compañeros se diera cuenta por lo que pasaba, pero lo denotaba mi persona ya que iba totalmente descuidada y en muchas ocasiones sin comer, por lo que trataba de juntarme con niños y niñas que fueran los fuertes o líderes para pasar inadvertida. En muchas ocasiones nos reíamos de los más débiles y les gastábamos una que otra broma, en realidad, no lo quería hacer, pero era más mi impulso de caer bien y ser aceptada.

Ese año tuve la fortuna de tener a la maestra Carmelita de la Fuente una mujer madura con amplia cultura, inteligente e intuitiva, que vestía sobriamente y caminaba con una parsimonia y elegancia que todos volteaban a ver por el respeto que representaba.

Era una maestra apegada a sus convicciones. Aparentaba rudeza, pero en realidad siempre fue muy tierna y con una gran calidad humana. Casi siempre nos compartía de su comida o se quedaba fuera de su horario de clase para ayudar a quien no entendía la lección.

Todos los días revisaba el aseo y nunca me comentó nada a pesar de que todos los días mi apariencia era terrible.

En cierta ocasión revisando la higiene tanto de nuestro lugar como personal, nombró a Teresa Torres, una compañera que siempre fue muy limpia. Llevaba el uniforme impecable y siempre se bañaba.  

La maestra inició su exhaustivo examen y le dijo algo que no recuerdo sobre su cabello. Yo me reí ampliamente, la maestra volteó y me hizo parar frente a la clase, creí que me iba a desmayar, no dejaba de sentir el rubor en mi cara y sentí tanto miedo porque iba a ocurrir lo que tanto había tratado de disimular: Me iba exponer frente a todos.

Recuerdo que ese día llevaba una blusa blanca sin planchar, mi falda estaba rota y no tenía dobladillo, peiné mi cabello con una coleta en la que al final, los cabellos salían por todos lados, mis rodillas estaban sucias porque al salir de casa tuve que limpiar algo que se había derramado en el cuarto de mi mamá que estaba en cama, lo único que traía limpio eran mis zapatos.

Me dio varias vueltas, mientras yo solo pedía que, por favor, por favor, no dijera nada porque iba ser blanco de comentarios y risas por el resto del año.

La maestra me miró fijamente y solo dijo: “limpia bien esos zapatos”.

Me indicó que me fuera a mi lugar y yo solo sentí desvanecerme en el asiento.  

Al finalizar la clase esperé a que todos se hubieran ido y me levanté frente al escritorio de la maestra.  No había decidido si hablarle, cuando ella levantó la mirada y me pregunto “¿te pasa algo?”

Y no pude más. Mis lágrimas comenzaron a rodar sin poderlas controlar. Recuerdo que la única palabra que salió de mis labios fue ¡gracias!

La maestra con una gran sonrisa me dijo “¿Y qué creías?, ¿Qué no sabía lo de tu mamá?, pero eso no te da derecho a que te burles de los demás. Quise darte una lección y la oportunidad de ponerte en los zapatos de otros. Todos tenemos distintas situaciones, y nada te da derecho a burlarte de los demás, así como también no tiene nada de malo que hoy pases por una situación que tú no puedes controlar, es mejor darnos la mano unos y otros ¿no lo crees?”

Recuerdo que, a partir de entonces, Teresa Torres fue mi mejor amiga de tercero de primaria. No volví a juntarme con mis otros compañeros y fui la fiel defensora de los niños débiles y necesitados.

 

 

 

Lucero Corona

 

Administradora de Mexicanos Primero Jalisco

 

 

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