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Historias del equipo de Mexicanos Primero Jalisco

May 22, 2018

Fue algo que pasó sin querer, sin esperar siquiera que fuera a tomar clases con esa maestra, que por cierto se llamaba Celia. No recuerdo su apellido, pero nunca se me olvidará su nombre.

Ahí estaba yo, iniciando las clases de cuarto grado de primaria un lunes por la mañana, en la escuela Urbana 987, en el grupo de “4°A” con todos los compañeros que habíamos estado juntos, en el mismo salón desde primer año.

Recuerdo que empezamos las clases con la maestra “Mago”, que era la encargada de aquel grupo. Durante toda la semana no hubo ninguna novedad, todo transcurrió de forma normal. Hasta que un día, mi mamá, que siempre estuvo preocupada porque recibiera la mejor educación posible, me dio la noticia de que me iba a cambiar de grupo, porque en el salón de 4°B, estaba una maestra llamada Celia que era muy buena dando sus clases y decían que los niños que cursaban con ella terminaban el año escolar con conocimientos y habilidades muy buenos. Quería cambiarme por eso y porque el año anterior esa misma maestra le había dado clases a mi hermano mayor y eso la convenció de que en verdad era buena y quería que yo tuviera el mismo avance.

Sin mi consentimiento y a la fuerza, un día mi mamá logró que me cambiaran. No sé cómo lo hizo, porque ya había empezado el año escolar, pero al poco tiempo llegué a 4°B como el “nuevo” y entonces empezó la travesía.

Supe, que a pesar de todo iba a ser una buena decisión cuando entré al grupo, porque desde ese momento, la maestra siempre fue muy atenta conmigo. Sabía lo difícil que era un cambio así para mí, y me hizo sentir desde el principio, que estaba en mí salón de clases.

 

Al principio me sentía un poco incómodo porque como había sido la maestra de mi hermano en el periodo pasado, se la pasaba comparándome con él y esperaba que diera los mismos resultados, cosa que me cayó mal. Creo que se dio cuenta de eso porque al pasar del tiempo dejó de hacerlo y me dio mi lugar como Cristhian.

Fue impresionante tomar su clase porque, aunque su aspecto comunicaba ser una maestra muy estricta y de carácter fuerte, y en realidad si era muy estricta, también era muy comprensiva y tenía el toque humano en todas sus clases.

Su modo de trabajar con nosotros, sus alumnos, se me hacía muy bueno porque a pesar de que éramos muchos en el salón se daba el tiempo y el espacio para revisar el avance personal.

 

Siempre voy a tener presente a esa maestra porque además de hacer que sus alumnos aprendiéramos lo del curso, ahí aprendí algo que jamás pensé que algún

día iba a lograr: “escribir con bonita letra”.  

El proceso fue algo extraordinario, a tal grado que no me di cuenta a qué altura del curso ya estaba escribiendo bien, ya no como los doctores en las recetas médicas, de verdad estaba escribiendo bien. Para mí fue algo maravilloso porque en mis grados posteriores e incluso en la secundaria me convertí en el alumno que mejor escribía.  

La maestra Celia me inspira porque lograba hacernos sentir que todos éramos iguales, que no importaba como fueras físicamente o mentalmente, te transmitía una confianza que pocos profesores podían hacer y tomando en cuenta que entonces éramos solo unos niños, que es cuando todavía más difícil hacer clic con tus maestros, logró hacerlo con cada uno.

 

Si tenías algún problema en una materia que impartía, te ayudaba y acompañaba para resolver tus dudas.

Te daba las herramientas para que tu lo pudieras hacer, cosa que le agradezco mucho.

Después de ese grado cambié la manera de ver mi educación, me hizo darme cuenta de que para poder sobresalir en el lugar en donde esté, tenía que seguir aprendiendo toda la vida, que ese era el secreto del éxito. Que uno como persona busca seguir aprendiendo de lo bueno o lo malo, siempre tomando ese aprendizaje como una herramienta para solucionar problemáticas futuras.

No hay palabras para agradecerle.

Aunque reconozco que a veces no hacía las tareas, ella estaba convencida de que yo podía lograr aprender y mucho más.

Ojalá y existieran más maestros como ella, que no solo se preocupen por el aprendizaje escolar, sino que tampoco se olviden de que sus alumnos son personas y no máquinas para meterles ríos de información.

A ella, simplemente: Gracias.

 

 

 

Cristhian Arciga

 

Diseñador Gráfico de Mexicanos Primero Jalisco

 

 

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